
En 2006, después de casi treinta años de caminar muchos ríos con la caña de mosca en la mano, llegué al sur mendocino. Finalmente me presentaba a la asignatura pendiente que representaban los ríos sanrafaelinos y malargüinos, de los que había tenido noticias por primera vez a través de la legendaria revista Diana en la década de 1960.
He regresado ya varias veces estos últimos años al Atuel, Salado, Grande e inclusive al Barrancas; pero por qué?